Impulsado por una intensa campaña publicitaria para inducir al consumo de bienes y servicios, la celebración del Día del Padre cobra hoy mayor notoriedad, sin que se considere que la intensidad del reconocimiento que se hace a la figura paterna pueda igualar la efeméride dedicada a las madres.
Satisface que la figura del buen progenitor escale peldaños de principalía en un afecto que ya se expresa de manera entusiasta en el seno familiar, que antes no aquilataba su valor de hombre de excepción en una sociedad con marcado acento machista que estimula al semental en vez del padre responsable.
Sin hacer casos a guirnaldas mercantilistas, hijos y nietos profesan hoy amor y respeto que cada padre cree merecer por su contribución al fortalecimiento de la primera y más sagrada institución social, que sin dudas es la familia.
La bondad humana se eleva al infinito cuando el hijo agradecido besa las surcadas mejillas de ese buen samaritano erigido en guía y ejemplo, pero también cuando se dispensa el abrazo del perdón o de la reconciliación con el padre ayer irresponsable, porque rencor u odio es cáncer que carcome la médula filial.
Sin ser tan expresivo como la madre, cuando un buen padre recibe hoy abrazos y besos de sus hijos y de los hijos de sus hijos, su corazón será tan intenso como el más poderoso volcán en erupción.
El dominicano no es por sí mismo absoluto responsable de la desgracia que significa la desintegración familiar, vigencia de familias infuncionales o paternidad irresponsable, porque gran parte de culpa recae sobre Estado y gobiernos, incapaces de promover una sociedad justa basada en principios de justicia, equidad e igualdad de oportunidades.
La familia es aguijoneada por el desempleo, drogadicción, carestía de vida, carencia de servicios básicos y otras formas de marginalidad social y económica que impulsan a miles de madres y padres e hijos a ingresar a los ejércitos de inmigrantes o a perder vidas y bienes en el intento.
No obstante, nada justifica que el hombre incumpla con el designio que le confiere la vida de ejercer cabalmente su sagrada misión de buen esposo, padre responsable e hijo ejemplar. Por tanto el brindis hoy es por el hombre aquel que actúa conforme a esos preceptos.
Padre e hijos han de estar unidos por siempre en el amor, respeto, admiración, perdón y comprensión porque ha sido el Altísimo que ha dispuesto esa unidad genética que es, por así decirlo, el génesis de la vida.
Al consagrar tan memorable celebración, El Nacional expresa sinceros votos de aprecio por todos los padres y los exhorta a cumplir el noble rol con orgullo y gallardía, para que alguna vez sus corazones se alborocen al escuchar de sus hijos la expresión; "Es un buen Tipo mi viejo".