El día 16 de Agosto de este año el segundo gobierno del PLD, encabezado por el Presidente Leonel Fernández, arribará a su tercer año dentro del cuatrienio 2004-2008. Ese hecho nos convoca a hacer algunas reflexiones sobre el desempeño del gobierno peledeísta en este segundo mandato. Justo es reconocer y decir que el 16 de agosto de 2004 el Presidente Fernández recibió un país hecho pedazos, desguazado, desguarnecido y visceralmente desgarrado por la hecatombe causada por el gobierno del señor Hipólito Mejía y del PRD.
¿Qué fue lo que pasó, en términos concretos, en el cuatrienio 2000-2004 que hizo que el país retrocediera tanto en el orden económico, social e institucional? Es necesario comenzar esta disquisición recordando que el país que recibió el señor Hipólito Mejía de manos del presidente Fernández el 16 de agosto del 2000 fue un país cuyas fuerzas vitales estaban funcionando bien en el contexto de una macroeconomía estable, de un crecimiento económico vigoroso, de un avanzado proceso de institucionalización, de modernización y de reforma del aparato estatal y de la sociedad toda, de una crecida y sostenida estabilidad social y política que daba cuenta de la vigencia de un Estado de Derecho en el que estaba garantizada la seguridad jurídica. La criminalidad no había desbordado sus límites normales.
Había sí un problema con el que había que lidiar: el precio internacional del petróleo y la definición de un mecanismo de indexación de los precios internos de los combustibles. En fin, el país iba por buen camino, lo que quiere decir que Leonel Fernández le entregó al señor Hipólito Mejía una República estable, sana y en marcha hacia la continuidad del progreso.
Pero ocurre que el señor Hipólito Mejía, su PPH y el PRD no contaban con un plan de gobierno que le permitiera darle continuidad a este legado positivo que recibieron del primer gobierno del PLD, de ahí que transitaron el camino de la improvisación y se llenaron de petulancia, arrogancia y prepotencia, llegando a reñir con la legalidad establecida algunos de los actos del gobierno. El tsunami de la corrupción público-administrativa que azotó y desbancó el Estado comenzó en los mismos inicios del gobierno.
No había que ser premio Nóbel en Economía para entender que a partir de agosto del año 2000 era necesario aplicar una política económica contracíclica o anticíclica que evitara la caída dramática del crecimiento y la gestación de una situación recesiva en la economía dominicana. El gobierno del PRD hizo todo lo contrario: aplicó una política económica procíclica que provocó una contracción de la demanda privada y, por consiguiente, de la demanda global de bienes y servicios, al asumir una carrera loca de creación de impuestos y de deslizamiento progresivo de la tasa de cambio. Los efectos inmediatos de esta equivocada política económica se expresaron en una vertiginosa depreciación de la moneda nacional, un acelerado y lacerante proceso inflacionario y un encarecimiento enorme de las importaciones.
En muy pocos meses el gobierno del señor Hipólito Mejía cercenó y destruyó la estabilidad cambiaria y de precios en la República Dominicana. En ese contexto de creciente y sostenido proceso de desestabilización de la macroeconómica (inestabilidad macroeconómica) es que hay que examinar, sin eximir de responsabilidad a los banqueros, los pormenores de la crisis bancaria que estalló en el año 2003.
El pésimo manejo de la crisis bancaria por parte de las autoridades monetarias creó el monstruo del déficit cuasifiscal del Banco Central. Esto significa que la política económica creó una crisis de dimensiones tales que desbancó el país. Cuando el Presidente Leonel Fernández asumió nueva vez la jefatura del Estado dominicano el 16 de agosto de 2004 recibió un país en ruinas, con las arcas del Estado exhaustas y la mayoría de las instituciones inertes por el saqueo de que fueron objeto durante el cuatrienio 2000-2004.
Restaurar la confianza perdida, la estabilidad macroeconómica y la senda del crecimiento económico era el gran reto que tenía ante sí la nueva administración del Presidente Fernández y del PLD. La sola elección, en primera vuelta, del Presidente Fernández en el 2004 activó la recuperación de la confianza. Convencido y sabedor de la eficacia de una política económica correcta, en la que estén bien ancladas y coordinadas la política fiscal y la política monetaria, el presidente y su equipo de gobierno se entregaron en cuerpo y alma a la titánica, ingente y trascendental tarea de recuperar la estabilidad macroeconómica y el crecimiento económico, los cuales habían sido sepultados por el gobierno del PRD.
Tan eficaz ha sido la política económica aplicada por este gobierno que hizo añicos la proyección de decrecimiento que se había hecho para el año 2004: la economía dominicana en vez de decrecer creció en términos reales en 2%. En apenas cuatro meses (agosto-diciembre/2004) el gobierno peledeísta revirtió la tendencia negativa que venía observando el crecimiento del PIB real desde el año 2003, de manera que en el 2005 y en el 2006 la tasa de crecimiento real de la economía fue de 9.3 % y 10.7% respectivamente. En otras palabras, la política económica posibilitó la transición de la recesión al crecimiento, generándose un esquema de crecimiento con un control riguroso de la inflación.
Esos altos índices de crecimiento del PIB real son los que explican la creación masiva de empleos con la consiguiente reducción del índice de desempleo abierto en el país. Las tasas de inflación bajas posibilitan mayores índices de crecimiento económico real. La tasa de inflación acumulada fue de 7.44% en el 2005 y de 5% en el 2006. En cambio, en el 2003 y en el 2004 la tasa de inflación acumulada fue de 42.66% y 28.74% respectivamente. Esa altísima tasa de inflación del 2003 y el constreñimiento de la demanda agregada y de las importaciones anularon toda posibilidad de crecimiento, por lo que la economía dominicana decreció en 1.9% en este año de referencia.
Con Fondo o sin él los gobiernos del PLD siempre han sido capaces de gestar y mantener la disciplina fiscal, es decir, de sanear, racionalizar y estabilizar las finanzas públicas. La gestión de gobierno 96-2000 no necesitó de la intervención del FMI para ser exitosa. La presencia del FMI en la economía dominicana no se debe a defectos o precariedades intrínsecas de la actual gestión gubernamental (o de su política económica), sino a la debacle económica generada por el gobierno del PRD que encabezó Hipólito Mejía.
Al cabo del segundo año de este mandato constitucional ya el gobierno del PLD había reducido el déficit del sector público consolidado como proporción del PIB nominal en tres puntos porcentuales, al pasar de 7% a 4%. Tanto el déficit fiscal del gobierno central como el déficit cuasifiscal del Banco Central experimentaron reducciones significativas.
Es innegable que este gobierno ha hecho grandes esfuerzos en la línea de mejorar la eficacia, la efectividad y la distribución regional, sectorial y social del gasto público. Las reformas tributarias han sido las necesarias para adecuar el sistema económico y la economía pública a las exigencias apremiantes del DR- CAFTA, a las exigencias y demandas de la sociedad para contribuir a mejorar sus condiciones de vida y a las necesidades de modernización de la economía y de la sociedad, de tal manera que el país mejore sus índices de competitividad sistémica.
La política monetaria ha cumplido su rol (aunque a un costo muy elevado por el lastre del déficit cuasifiscal y el círculo vicioso que se ha generado en torno a éste) al lograr desacelerar el crecimiento de los precios y reducir la magnitud de la inflación sometiéndola a un riguroso control vía la aplicación de una política monetaria restrictiva, que conjuntamente con la política fiscal ha coadyuvado a la notable apreciación de la tasa de cambio y a su estabilización.
Hasta ahora ha habido una administración del déficit cuasifiscal sobre la base de seguir emitiendo certificados de inversión o de participación, letras, etc., alargando los plazos de éstos y reduciendo las tasas de interés. Ciertamente esto ha permitido reducir el montante de los intereses, pero la deuda cuasifiscal ha aumentado enormemente.
Se ha estipulado que el país necesitará de 15 a 20 años para dejar sepultado el monstruo del déficit cuasifiscal creado por el gobierno de Hipólito Mejía. En efecto, el gobierno del PLD acaba de promulgar la ley de recapitalización del Banco Central que contempla emisiones de bonos por valor de RD$320,000,000,000.00 millones de pesos.
Por otra parte, en esta gestión de gobierno ha sido posible mantener bajo control los principales agregados monetarios de la economía. Con excepción del 2005 y julio 13 del 2007, la tasa de crecimiento de la oferta monetaria en sentido estricto (medio circulante en sentido estricto, M1) ha sido menor que el crecimiento del PIB monetario, lo que da cuenta, ex post, de que se está aplicando una política monetaria restrictiva. No obstante eso, no se puede decir que hay insuficiencia de liquidez en la economía. La misma magnitud del medio circulante en sentido estricto y de la oferta monetaria ampliada da cuenta de que hay grandes disponibilidades líquidas en manos del sistema financiero. Hay que procurar y aplicar mecanismos que permitan que estos recursos líquidos fluyan con más fuerza y en mayor proporción hacia los diferentes sectores de la economía.
La apreciación de la tasa de cambio, la existencia de grandes disponibilidades líquidas en manos del sistema financiero y la enorme reducción de las tasas de interés de los instrumentos financieros emitidos por el Banco Central son los factores causantes del descenso de las tasas de interés activas que cobran los bancos, lo que conviene, potencialmente hablando, al resto del sistema económico dado el abaratamiento de los costos del financiamiento. Sin embargo, los flujos del financiamiento han estado siendo canalizados, en términos proporcionales, más hacia las actividades de consumo y el comercio, que hacia las actividades propiamente generadoras de riqueza.
Otro asunto es que las tasas de interés pasivas que pagan los bancos se han ido al sótano, lo que ha estado afectando seriamente el rendimiento real de los certificados financieros y de los depósitos. Finalmente, debo apuntar que producto del correcto manejo de la economía por parte del gobierno, el país ha mejorado su clasificación de riesgo país, lo que de manera inevitable se ha traducido en un mejoramiento de su posicionamiento en los mercados financieros internacionales.
Autor:
Dr. Víctor Manuel Peña